ERIKA
ERIKA Frío y barro, agua y músculos entumecidos, quizás lleve así horas. De vez en cuando un techo me cobija de la lluvia o un alma caritativa me proporciona un bocado caliente que llevarme al dolorido estómago, el cual dejó de gritar hace tiempo, debido a mi apatía generalizada. Escasas noches logro conciliar pactos con Morfeo, salvo por instantes exiguos en los que creo volver a gozar de las comodidades mundanas que una vez me rodearon. Hoy aquí, mañana ¿allí tal vez?, quién sabe donde estaré. Pero no pasa un día sin recordar la luz de tus ojos Erika . Mis ropas de color indefinible casi están hechas girones, remiendos y recosidos las surcan como las innumerables cicatrices que se reparten a lo largo de mi cuerpo, reflejo, sin duda alguna, de los numerosos encuentros en los que me he visto envuelto. Mi pelo enmarañado estará cubierto por un gorro, ahora ya raido y desgastado, en otro tiempo hermoso y distinguido, y en mi r...